He descubierto gracias a Kirainet un grupo japonés de música electrónica llamado Denki Groove, que por lo visto allí debe ser bastante famoso.
La verdad es que echando un ojo a algunos de sus videoclips he de reconocer que me parecen de lo más psicodélicos. Tienen algo que engancha, tiene que estar entre el ritmillo de su música y las imágenes hipnóticas que usan. Por ejemplo en el videoclip de su tema Fake It!, está claro que tiene que tener parte hecho por ordenador pero te quedas embobado xD. Muy japonés, todos como hormiguitas, empieza a ser más espectacular a partir del minuto y medio.
Así tituló Vicente Villanueva este corto del que últimamente me acuerdo bastante (mejor no preguntéis por qué). Es un poco largo para lo que os tenemos acostumbrados en el blog, pero os aseguro que merece la pena verlo.
“Yo antes era buena persona, pero ahora ya no. Ahora soy mala. Pero mala, mala, mala”. Enorme Marta Belenguer.
Este año ha sido la primera vez desde que vivo por estos lares que no me he podido acercar a Animadrid. Sin embargo, hace poco tuve la suerte de conocer a Bárbara, toda una experta en cine de animación (como buena checa que es), que ya me ha puesto al día de todo lo acontecido en el festival. Entre los cortos que Bárbara me enseñó, hay uno que me parece una auténtica delicia: Bathtime in Clerkenwell. Disfrutadlo, pero cuidado con su pegadiza música.
Si hay una película que me ha flipado en los últimos tiempos es la francesa Bienvenidos a Belleville (en original Les Triplettes de Belleville) de Sylvain Chomet.
Su originalísima historia (sencilla y sorprendente), su magnífica y cuidadísima banda sonora (una joya, especialmente para los buenos aficionados al jazz), su preciosa animación (en 2D pero con algunos momentos en 3D muy bien integrados), su delicioso e irónico humor (en ocasiones, bastante negro), y la ausencia de diálogos (con constantes guiños a Tati, Chaplin, los hermanos Marx, etc), son algunas de las virtudes de esta maravillosa película del año 2003. Pero, si hay un aspecto que me fascina de Bienvenidos a Belleville es sin duda el del diseño de los personajes.
A diferencia de lo que es habitual en las películas Disney (donde los protagonistas suelen presumir de belleza), en esta película los personajes (desde el primero al último) son todos feísimos (adoro a la abuela, con su bigote y su zapato ortopédico), exagerados (los ciclistas, por ejemplo, son de una extrema delgadez y unas increíbles piernas hipermusculadas) y caricaturescos (los franceses, grandes aficionados al vino como todos sabemos, tienen unas horrendas narices rojas, y los americanos son obesos hasta la exageración).
He estado buscando una de mis secuencias favoritas en Youtube para linkárosla (una trepidante persecución que hay por el final de la película), pero como me ha sido imposible encontrarla, os pongo en su lugar uno de los momentos musicales de la peli, igualmente magnífico.
No dejéis de visitar Belleville. Siempre sois bienvenidos.
¿Qué sería de Audrey Junior sin nuestra script favorita? Isa es todo un baluarte cuando las cosas se ponen feas en los rodajes y el cansancio hace mella en nuestras cabezas. Ahí está siempre ella para desatascarnos en esos momentos y recordarnos que nos estamos saltando el eje o que hemos cambiado de sitio el paragüero con un rápido e ilustrativo croquis.
Además de su gran labor como script, Isa siempre ha hecho todo lo posible para promocionarnos, especialmente a través del antiguo blog de Metrópolis, que ella misma se encargaba de escribir hasta hace poco, y que casi parecía un antecedente de este blog por la cantidad de noticias que a menudo había sobre nosotros.
Por cierto, esta zaragozana gran fan de Star Wars es también una excelente cocinera. La última vez que cenamos en su casa acabamos chupándonos los dedos con el impresionante plato de pasta que nos preparó.
Podríamos seguir citando grandes potas cinéfilas hasta aburriros (si es que no lo hemos hecho aún), pero el mundo sigue girando y debemos cambiar a otros interesantes temas de actualidad (???). Para despedir el monográfico lo haremos por todo lo alto, un auténtico festival de potas sacado de una de las series más corrosivas y gamberras que nos ha dado la pequeña pantalla en los últimos años: Padre de familia. Disfrutadlo.
Retomamos la senda poteril tras un par de días de “descanso” con otra vomitona mítica (un poco malrrollera, eso sí): la famosa pota verde que Regan, la niña endemoniada, le suelta en plena jeta al padre Karras en El exorcista.
¿No os han entrado unas ganas terribles de comer un buen puré de guisantes?
Es muy posible que no conozcáis la película húngara Taxidermia, y tampoco es que os perdáis gran cosa, pero hay que decir que la peli tenía sus momentazos. El mejor: el concurso de comida.
Otro clásico entre los clásicos: Este chico es un demonio 2.
La película no dejaba de ser un clon de la primera parte pero tenía una delirante e inolvidable secuencia en un parque de atracciones que la elevó inmediatamente a la categoría de peliculón de culto.
Solo una pequeña pega: no soy ningún experto en física cuántica, pero ¿no os resulta un poco raro que los vómitos salgan disparados hacia delante teniendo en cuenta la velocidad a la que gira la atracción?
Ya falta menos (aún no me atrevo a decir cuanto) para el estreno de nuestro nuevo corto Tropezones, y para ir calentando motores se me ha ocurrido hacer una serie sobre algunas de mis secuencias de potas favoritas de la Historia del Cine. Bonito tema, ¿verdad?
Por supuesto, debo empezar hablando de la madre de todas las potas: la de Mr. Creosote en la genial El sentido de la vida de los Monty Python. Seguramente ya la habréis visto cientos de veces, pero es tan maravillosa que nunca es suficiente.
Por cierto, ¿sabíais que existen muñecos de Mr. Creosote?