Me congratula ser el primer posteador invitado de Audrey Junior. Gracias por confiar en mi para hablar de un tema tan peliagudo, un asunto muy necesario de tratar y que nos afecta a todos, la última aventura de Henry Jones Jr. más conocido por el nombre de su perro, Indiana.
Voy a desvelar todos los misterios de la película, incluído el final, así que a ti que te gusta lo desconocido, un saludo y ya puedes dejar de leer.

Empezaré desde el principio: En un bonito día mi querido compañero de piso Alberto y yo nos fuimos al cine Acteon (que para quien no lo sepa está situado de puta madre) a entregar un par de horas de nuestra vida a nuestro arqueólogo favorito. Sabíamos que estaba viejuno y que el título de por sí era poco alentador, más bien propio de piratas del caribe o algo así, pero sin ningún tipo de prejuicio pagamos los 7€ de la entrada (más de mil pesetas de las de antes oiga!) y con la ilusión propia de dos niños grandes, nos acomodamos en las butacas, palomitas en mano, como manda la tradición.
Llegó el momento. Con frases como “se perdió en su propia biblioteca” todavía en nuestras cabezas, la película que llevábamos 19 años esperando daba comienzo. Tengo que reconocer que el topito del principio que sale de la montañita paramount acojona un poco, le restas importancia pero, sin que te des cuenta, tu ojete se ha apretado fuerte deseando que George Lucas no te la meta doblada una vez más.
Al principio todo bien, sobre ruedas, aparece Indy, se pone el sombrero y el paso de los años no ha sido grave, ahora en lugar de nazis son rusos y nada más empezar la peli ya están metiendo a Junior en problemas. Pero como tú y yo sabíamos, esto es sólo el principio. Comienza la acción, tu ano se vuelve a dilatar, te acoplas a la butaca y disfrutas de tu dosis de aventuras en 35mm… Es entonces cuando surge el primer problema, el asunto de la nevera: Cuando estrenen la película en Hiroshima van a flipar (otra vez), si no tuvieron suficiente con los 120.000 muertos, los 70.000 heridos y las secuelas de la radiación, me gustaría ver su cara cuando se enteren de que metiéndose en un frigorífico podrían haber sobrevivido a la bomba atómica sin apenas un rasguño.

Superado lo de la nevera, estamos en los años 50 de vuelta a la vida de profesor universitario. Es entonces cuando aparece el consabido hijo de Indy vestido como Marlon Brando y los dos juntos huyen de la KGB, en una clásica escena indianayonera que es de lo mejor de la peli, altamente disfrutable y que no conviene comparar con anteriores huidas de padre e hijo Jones en una moto con sidecar, vinimos a disfrutar de la peli y eso estamos haciendo. Es a partir de aquí cuando la cosa se empieza a torcer un poco. Un avión que vuela sobre un mapa que marca el camino en rojo los lleva a Perú, donde encuentran la primera calavera… extraterrestre, vaya, que encuentran la puta cabeza de alien en una tumba de un conquistador español a pesar de que un peruano ninja intenta impedírselo… sí sí, un peruano ninja. La pelicula empieza a ser una sucesión de tópicos y apesta a moral cristiana y a mierda de película para todos los públicos. Intentaré resumir.
Marion regresa bastante más aviejada que Indy aunque conservando algo de encanto, sobre todo para los aficionados a las MILF. Pero aquella mujer que hace 20 años podía tumbar en una pelea de chupitos al hooligan leñador más gordo del lugar y volver a estar sobria en menos de 5 minutos no bebe ni agua en toda la película… Eso sí, parece por su permanente e inquietante sonrisa que había ayudado al doctor Hofmann (que en paz&amor descanse) siendo cobaya de sus experimentos.
Momentos de vergüenza: el hijo haciendo de Tarzán de los monos, la pelea contra hormigas gigantes, la calculada caída al río y las previsibles y eternas cataratas del Iguazú… etc etc.. Pero hablemos del más allá.
Si los extraterrestres eran una civilización años luz más avanzada e inteligente… ¿qué coño hacían atrapados en Perú más de 3000 años? lo hubiera entendido si hubiera sido en Amsterdam (”¿cuanto tiempo llevamos aquí tío? no sé, dame otra calada y vamos a ver putas…”) pero en Perú?! …¿Y los extras de Apocalipto que estaban escondidos en la pirámide? ¿también llevaban tantos años ahí metidos por si venía alguien?.. (eso todavía tenía algo de lógica, pues todo estaba construido encima de la nave extraterrestre y el día que les diera por moverla se iban a quedar sin pirámide ni rastro alguno de civilización avanzada e iban a tener que volver a vivir a las chabolas…) … En fín… que para ver sucesos para-anormales, prefiero ver las pelis de La Momia (no me refiero a lo último de Michael Caine, sino a esas absurdas replicas de Brendan Frasier con contenido sobrenatural). Además, el Indy que yo recordaba no es un tío al que un amigo toma por el pito del sereno en tres ocasiones y todavía le pone la otra mejilla e intenta salvarlo de la muerte (legítimo castigo cristiano por avaricioso) hasta que este le absuelve de culpa y le da permiso para dejarle morir. Vomitivo.
En este punto de la película ya estás muy incómodo, pues notas la flácida minga de George metida en tu culo mientras oyes la risa de Spielberg, al que imaginas en una piscina de dinero como la del tío Gilito. Y todavía no has visto lo peor: La útima escena es la boda de Indy y Marion!!! las palomítas están amargas y se revuelven en tu estómago, quieres vomitar una parte en el cine y la otra en la caja para mandársela a los responsables de acabar con el último heroe que quedaba en nuestro corazón. Estás a punto de hacerlo cuando dan el sí quiero, el viento abre la puerta y el hijo se va a poner el sombrero de Indy… pero por suerte, en el último estertor, nuestro heroe se lo arrebata de las manos y se lo pone, mientras se dirige a la salida de la iglesia acompañado de Marión, juntos caminan hacia la luz en una perfecta metáfora que nos dice que Indy a muerto y no volverá jamás. Si lo sé vuelvo a ver Mar Adentro…
Los de la fila de delante se emocionaron y comenzaron a aplaudir por la boda, Alberto y yo respondimos automáticamente con los consiguientes abucheos y hubo un tenso cruce de miradas, pero se acojonaron al ver nuestros ojos inyectados en sangre. Después nos fuimos a beber para olvidar… pero el camarero, que tenía pinta de peruano, nos sirvió las cervezas acompañadas, como no podía ser de otra manera… de palomitas. Palomitas amargas.

Como colofón, este es un pequeño collage que realicé para enseñar a quien me pregunte por la película y ahorrarme así todo el puto rollo que os acabo de soltar (la letra pequeña dice “i’m on a highwaaay to heeell” y encima de las letras de Indiana Jones “Spielberg se inspira en la pura realidad”).
Amén.
Sergi-O